Diferencia entre revisiones de «Los Medinas, Rosamorada, Nayarit»

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Hubo un suceso que pudo haber sido el detonante para que el Evangelio fructificara en el lugar mencionado (La Boquita). Pero lamentablemente no fue así, de manera que el hermano Altamirano, se vio algo frustrado ante la reacción indolente del cacique de ese lugar, y para quién el hermano trabajaba como .
 
Hubo un suceso que pudo haber sido el detonante para que el Evangelio fructificara en el lugar mencionado (La Boquita). Pero lamentablemente no fue así, de manera que el hermano Altamirano, se vio algo frustrado ante la reacción indolente del cacique de ese lugar, y para quién el hermano trabajaba como .
 
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Sucedió que la madre de este hombre mencionado, cayó postrada gravemente en cama. El Señor escuchó la oración de fe del hermano Altamirano, sanando milagrosamente a dicha señora. La reacción del hombre fue contraria a lo que se suponía y de una manera soberbia ofreció dinero al hermano Altamirano,
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como una paga por el beneficio divino recibido por su madre; pero ordenándole que se retirara de ese pueblo donde no admitían evangélicos.
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El hermano Altamirano salió muy triste de ese lugar, pidiéndole a Dios dirección, se quedó dormido debajo de unos arbustos, donde Dios le mostró que rumbo seguir. De esta manera arribó a la comunidad denominada Los Medina, población contigua a La Boquita. Este lugar se mostró más receptivo al Evangelio, donde
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fueron bautizadas las primeras personas: una Señora llamada Adela y un hombre llamado Vicente, los cuales por razones desconocidas, tuvieron que cambiar de residencia.
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El hermano seguía predicando y la gente se a escuchar la predicación, aunque no había una persona que abrazara firmemente el evangelio y abriera su hogar para que ahí se realizaran en una forma más formal las reuniones.
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El hermano Altamirano había pedido a Dios una señal. Después de varios días de ayuno, entendió la respuesta de Dios. Corría ya el año de 1958. Eventualmente llegaba a este lugar, un hombre conocido del hermano Altamirano, quien tenía el oficio de soldador, el cual conocía el Evangelio, aunque no
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lo compartía como el hermano Altamirano. Pasando una mañana por el hogar de la Sra. María Lara, nuestro hermano encontró al otro hermano fuera de dicho hogar, donde hacía una reparación a la mencionada señora. La señora Lara (en cuyo hogar, había un lugar de reunión donde realizaban actividades espiritistas) preparaba el desayuno, invitando a los dos varones a desayunar. El hermano Altamirano había pedido a Dios un hogar que se abriera a la predicación y allí entendió que era el momento de terminar su ayuno. Esto se confirmó pues el lugar donde se realizaban las reuniones espiritistas fue transformado en la primera casa de oración, donde ahora se predicaba el glorioso mensaje de Jesucristo.
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Vivían como vecinos de doña María la familia Corona, quienes se mostraban contrarios al Evangelio. El Señor Florencio persuadía a su hijo Raúl a no rebajarse a debatir con ese hombre; debido aque Raúl acostumbraba debatir con nuestro hermano Altamirano. Pero Dios se manifestó grandemente sanando al
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Señor Florencio, quién cayó enfermo. Oportunidad que Dios concedió al hermano, quién oró por don Florencio; honrando Dios la fe y la persistencia del hermano Altamirano.
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Raúl quedó profundamente impresionado ante este milagro instantáneo, de manera que ya no pudo resistirse y en breve tiempo fue bautizado junto con la hermana María Lara. De manera que, prácticamente pueden considerarse a estos hermanos las columnas de la congregación local de los Medina. Comenzando así ya de manera definitiva establecida la obra de Dios en este lugar, pues en los días siguientes se efectuaron los siguientes bautismos. Tocó en esta vez a las hermana Teodocia Carrillo, hija de la hermana María Lara y Guadalupe Corona, hermana del hermano Raúl. Después fueron bautizadas las hnas. Gabina de Arreola y Evelia Mandujano de Corona; persona muy apreciada y recordada por su actitud afable y servicial. Fueron así añadiéndose más hermanos con el paso del tiempo, mencionando al hno. Pablo Hernández, ministro local quién atendió en un tiempo la iglesia de Pericos; su esposa Bárbara Corona, Rosendo Arreola, Juan Ramón Mejía, Evodio López, Candelaria Camacho, Domingo Ramos, Antonio Pérez, Evodio López, José Hernández,Rosa Espericueta, Agustín Arismendiz y esposa, Pascual Camacho, Anita Mandujano, Silvia Núñez. Recordamos también a la hermana Teresa procedente del poblado de Vicente Guerrero.

Revisión del 22:33 29 jul 2019


IGLESIA APOSTÓLICA DE LA FE EN CRISTO JESÚS EN LOS MEDINA, NAYARIT

1956

En el año de 1956, dio comienzo la predicación del Evangelio de Jesucristo en este lugar, siendo instrumento del Señor el hermano José Altamirano; quién trabajaba en las labores del campo.

Inicialmente, nuestro mencionado hermano daba testimonio en el poblado contiguo llamado la Boquita. Lugar algo reacio a recibir el Evangelio. El hermano Altamirano se movía del poblado llamado Pericos, lugar donde anteriormente había dado comienzo la obra. Cerca de dos años, el hermano Altamirano estuvo testificando en La Boquita, alentado por la hermana Sixta Molina (quién fue una de las primicias en el lugar de Pericos); a continuar, debido a la indiferencia de los habitantes de ese lugar.

Hubo un suceso que pudo haber sido el detonante para que el Evangelio fructificara en el lugar mencionado (La Boquita). Pero lamentablemente no fue así, de manera que el hermano Altamirano, se vio algo frustrado ante la reacción indolente del cacique de ese lugar, y para quién el hermano trabajaba como . jornalero.

Sucedió que la madre de este hombre mencionado, cayó postrada gravemente en cama. El Señor escuchó la oración de fe del hermano Altamirano, sanando milagrosamente a dicha señora. La reacción del hombre fue contraria a lo que se suponía y de una manera soberbia ofreció dinero al hermano Altamirano, como una paga por el beneficio divino recibido por su madre; pero ordenándole que se retirara de ese pueblo donde no admitían evangélicos.

El hermano Altamirano salió muy triste de ese lugar, pidiéndole a Dios dirección, se quedó dormido debajo de unos arbustos, donde Dios le mostró que rumbo seguir. De esta manera arribó a la comunidad denominada Los Medina, población contigua a La Boquita. Este lugar se mostró más receptivo al Evangelio, donde fueron bautizadas las primeras personas: una Señora llamada Adela y un hombre llamado Vicente, los cuales por razones desconocidas, tuvieron que cambiar de residencia.

El hermano seguía predicando y la gente se a escuchar la predicación, aunque no había una persona que abrazara firmemente el evangelio y abriera su hogar para que ahí se realizaran en una forma más formal las reuniones.

El hermano Altamirano había pedido a Dios una señal. Después de varios días de ayuno, entendió la respuesta de Dios. Corría ya el año de 1958. Eventualmente llegaba a este lugar, un hombre conocido del hermano Altamirano, quien tenía el oficio de soldador, el cual conocía el Evangelio, aunque no lo compartía como el hermano Altamirano. Pasando una mañana por el hogar de la Sra. María Lara, nuestro hermano encontró al otro hermano fuera de dicho hogar, donde hacía una reparación a la mencionada señora. La señora Lara (en cuyo hogar, había un lugar de reunión donde realizaban actividades espiritistas) preparaba el desayuno, invitando a los dos varones a desayunar. El hermano Altamirano había pedido a Dios un hogar que se abriera a la predicación y allí entendió que era el momento de terminar su ayuno. Esto se confirmó pues el lugar donde se realizaban las reuniones espiritistas fue transformado en la primera casa de oración, donde ahora se predicaba el glorioso mensaje de Jesucristo.

Vivían como vecinos de doña María la familia Corona, quienes se mostraban contrarios al Evangelio. El Señor Florencio persuadía a su hijo Raúl a no rebajarse a debatir con ese hombre; debido aque Raúl acostumbraba debatir con nuestro hermano Altamirano. Pero Dios se manifestó grandemente sanando al Señor Florencio, quién cayó enfermo. Oportunidad que Dios concedió al hermano, quién oró por don Florencio; honrando Dios la fe y la persistencia del hermano Altamirano.

Raúl quedó profundamente impresionado ante este milagro instantáneo, de manera que ya no pudo resistirse y en breve tiempo fue bautizado junto con la hermana María Lara. De manera que, prácticamente pueden considerarse a estos hermanos las columnas de la congregación local de los Medina. Comenzando así ya de manera definitiva establecida la obra de Dios en este lugar, pues en los días siguientes se efectuaron los siguientes bautismos. Tocó en esta vez a las hermana Teodocia Carrillo, hija de la hermana María Lara y Guadalupe Corona, hermana del hermano Raúl. Después fueron bautizadas las hnas. Gabina de Arreola y Evelia Mandujano de Corona; persona muy apreciada y recordada por su actitud afable y servicial. Fueron así añadiéndose más hermanos con el paso del tiempo, mencionando al hno. Pablo Hernández, ministro local quién atendió en un tiempo la iglesia de Pericos; su esposa Bárbara Corona, Rosendo Arreola, Juan Ramón Mejía, Evodio López, Candelaria Camacho, Domingo Ramos, Antonio Pérez, Evodio López, José Hernández,Rosa Espericueta, Agustín Arismendiz y esposa, Pascual Camacho, Anita Mandujano, Silvia Núñez. Recordamos también a la hermana Teresa procedente del poblado de Vicente Guerrero.