Confederación Juvenil “Embajadores Apostólicos”

De WikiHistoria
Revisión del 16:33 19 oct 2014 de Coordinador General de la CIH (discusión | contribuciones) (Página creada con 'La Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús (IAFCJ en adelante) desde su fundación en México, ha pugnado por acatar el siguiente mandato de Jesús dado antes de ascender ...')
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

La Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús (IAFCJ en adelante) desde su fundación en México, ha pugnado por acatar el siguiente mandato de Jesús dado antes de ascender al cielo a sus seguidores: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas…” (Mt. 28.19, 20). “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lc. 24.49); y “...recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1.8). En relación a esto, el apóstol Pedro aclaró enseguida que esto ocurriría: “…en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones…” (Hch. 2.17).

Desde entonces hasta la actualidad los apostólicos han procurado reunirse en familias enteras para buscar y recibir continuamente la visitación del poder del Espíritu que los guíe y capacite para cumplir esa misión. Así, mediante la participación intergeneracional dinámica y el ejercicio de los dones espirituales de sus integrantes, particularmente la de los jóvenes, han pugnado porque se cumpla efectivamente la ordenanza de que se predique en el nombre de Jesucristo el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones (Lc. 24.47). Esto ocurrió en Pentecostés, luego en los demás avivamientos a través de la historia, en el pasado siglo XX en Topeka, Azusa, en Villa Aldama, México e indudablemente continuará repitiéndose hasta lo último de la tierra mientras Cristo no regrese.

Algo que intentaremos destacar aquí a continuación es la organización estructural y funcional que a través del tiempo fue implementando la Iglesia para el desarrollo individual y la participación grupal sobresaliente de los hijos de las familias de lo que denominó sociedades de jóvenes “Embajadores Apostólicos” y que funcionó adecuadamente durante casi 70 años en la IAFCJ. Empezaremos presentando ciertos antecedentes sobre el concepto de joven y/o juventud a través de la historia, para luego relatar el origen del movimiento juvenil apostólico y la manera en que fue evolucionando, cuáles fueron algunas de sus contribuciones a la misión, y concluiremos presentando algunas perspectivas que se vislumbran en el nuevo modelo de organización y finalidades que últimamente la IAFCJ le ha asignado al sector juvenil para el futuro.

1. Antecedentes

Los cristianos procuramos regularmente exponer nuestras ideas particulares a otros, en base a las Escrituras. Por eso al tratar aquí acerca de la juventud, comenzamos aclarando que en la Biblia no aparecen los jóvenes como un grupo social según lo entendemos hoy, pues entonces según los comentaristas pasaban de ser niños a ser considerados adultos directamente. Al niño de 12 años, se le entregaba en sus manos el Libro de la Ley para que se familiarizara con él y así comenzara a sentirse sujeto de los derechos y las obligaciones allí prescritas. Así que la juventud en la Biblia, no la consideraban como una etapa más en la vida sino sencillamente como el simple proceso de llegar a ser, de pensar, de actuar, de responder, de vivir responsablemente como adulto conforme a las enseñanzas recibidas. Al respecto Isaac Marrón hace la siguiente alusión: Dios ha usado a la juventud en toda la historia de la humanidad, en las generaciones bíblicas… Podemos hablar de Adán, de Abel, de José, de Abram, de José, de Moisés, de María, de Eliseo, de Daniel y muchos más en el Antiguo Testamento y en el Nuevo podemos hablar de Jesús, de Juan el Bautista, de Juan el discípulo amado, de Timoteo, de Rode, de Eutico, de Tito y también, de muchos más.

Por lo consiguiente, en algunos grupos tribales primitivos y aún actuales hasta la fecha, el joven se convertía en adulto propiamente a través de ciertos ritos ordinarios. Por ejemplo las niñas después de experimentar su primera menstruación eso las capacitaba para ser una mujer y ejercer su principal vocación de tener hijos. En cambio, al niño, en muchas etnias, se le relacionaba con la capacidad de cazar algún animal y por ese hecho ya era un hombre. En esa forma ambos empezaban a abandonar sus prácticas habituales de la infancia que les caracterizaba a unos y a otras y se convertían en personas adultas del hogar. Así a los que ahora llamamos jóvenes eran más bien considerados adultos con independencia o semidependencia de sus padres según fuera el caso.

A partir del siglo segundo antes de Cristo, en las sociedades clásicas (griega y romana), se fue retardando el paso de la niñez a la adultez, y aunque el joven hubiera observado cierto rito y podía tener los mismos derechos y deberes de sus padres, ahora se le empezó a aplazar su participación en las actividades públicas, hasta después de los 25 años.

Según los sociólogos, fue hasta en los siglos recientes, en el XIX y XX, cuando los jóvenes llegaron a ser tomados en cuenta a partir de una edad determinada posterior a la niñez y anterior a la adultez como un grupo social; y a su vez empezaron a construirse, según el chileno Baeza, diferentes modelos sociales de juventud que actualmente se catalogan como juventudes o culturas juveniles distintas. Ahora, se pone énfasis en la necesidad de forjar una identidad que se convierte en una etapa de definiciones a nivel afectivo, sexual, social, intelectual y físico motor. Este periodo es el que también los especialistas le llaman "moratoria social", es decir que el joven es considerado como una persona en preparación, en espera de algo que se definirá en la marcha y que le permitirá asumir "los roles del adulto"; es decir, el ideal de "hombre/mujer preparado/a para enfrentar al mundo" y aún después como adulto, en la mayoría de los casos, tiene que seguirse preparando.

En esa forma la sociedad actual también le ha impuesto a la juventud otros "ritos sociales"; es decir se le marca un "camino", pero sucede que aquellos que estudian o se preparan y llegan a ingresar al aparato productivo o conforman una familia a temprana edad, al romper ese esquema son criticados. Por ejemplo ¿cómo se considera actualmente a muchos jóvenes que son padres a temprana edad? Para algunos sectores conservadores eso significa formalmente "romper el camino establecido por los adultos" o "transgredir los ritos sociales", lo que es cuestionado por un sector importante hoy en día. Lógicamente quienes son situados en ese camino de espera, de moratoria, pueden avanzar o retroceder para insertarse propiamente en la sociedad. Sobre esto el mismo escritor Marrón señala:

En muchas ocasiones, la juventud ha sido incomprendida. Como que, los que hemos pasado por ella, nos olvidamos de algunas características de la juventud, mismas que nos tocó vivir en su momento. Cuando Jesús entraba a Jerusalén montado en un pollino y que la multitud le alababa, algunos enemigos le dijeron: “calla a los muchachos” y Jesús prácticamente les dijo: “no se puede” cuando les replica “si ellos callan (casi imposible, pudo pensar), las piedras hablarán…”

Además, en los textos bíblicos encontramos que los distintos escritores ubican en diferentes momentos históricos a los creyentes, y por lo mismo, presentan en ocasiones en sus páginas a los jóvenes con un abanico de importantes aportes: nos los describen fuertes, obedientes, prudentes; pero luego en otras, los exponen llenos de carencias, dependientes, necios y débiles. Ello confirma la dinámica rica y variada de aquellos que eran considerados jóvenes según las Escrituras.

En suma ¿qué es ser joven hoy en día? ¿quién es joven? ¿sólo quienes tienen determinada edad? o ¿es algo más que eso? Realmente con lo anterior sólo hemos intentado poner en claro que hablar sobre la juventud es complejo y que al fin su definición depende de cada cultura, época y de los imaginarios sociales, así como de lo que cada investigador descubra y presente en su respectivo estudio. Por lo tanto, la juventud en lo biológico no se le puede encasillar solamente por la edad, no es suficiente; y la clasificación como categoría social, juventudes y culturas distintas, aunque estas últimas son un tanto más adecuadas, en ambos casos tenemos que estar conscientes de que tampoco se puede considerar un grupo homogéneo, totalizado y compacto. En tal virtud, en el resto de la presentación sólo nos concretaremos a hacer referencia de manera particular y simple a la organización apostólica juvenil admitiendo que aun así ésta ha sido una realidad diversa, llena de colores, fragancias, discursos y aportes diferentes pero que al fin resultó de gran beneficio para los mismos protagonistas en lo particular y de bendición especial a la IAFCJ en lo general para el cumplimiento de la misión del Señor Jesús. A este movimiento se le denominó en un principio, debido a su despliegue auténtico, “Esfuerzo Cristiano Juvenil” y posteriormente se le identificó como “Embajadores Apóstólicos” por comportarse sus integrantes verdaderamente como tales, según lo apuntaremos enseguida.

2. Origen del movimiento Esfuerzo Cristiano Juvenil.

La organización y servicio de la juventud en la IAFCJ, tiene su historia romántica y aquí compartimos algunos datos de ella, tomados en su mayor parte del libro “Cincuenta Años después”, escrito por Manuel J. Gaxiola (MJG:1995 en adelante). “Hasta ahora, no se ha podido descubrir cómo es que se formaron las primeras sociedades ni de quién fue la iniciativa”, declara dicho autor. Lo cierto es que para 1945 la obra juvenil a nivel local ya existía. Como ya se indició, estos grupos se llamaban “Esfuerzo Cristiano Juvenil” y dicho nombre no fue particular o exclusivo de la IAFCJ sino que se remonta a Europa y servía para referirse a diferentes proyectos de trabajo en iglesias en los que todavía hasta la fecha participan creyentes evangélicos de todas las edades.

En México, es la Iglesia Nacional Presbiteriana la que más ha utilizado ese nombre para sus grupos juveniles y de allí, MJG (1995) supone que fue en el norte del país, quizá en Torreón o noreste, donde se adoptó el nombre por primera vez, pues no hay que olvidar que un buen número de los primeros creyentes que formaron la base de la Iglesia en la región de La Laguna eran de origen presbiteriano y metodista.

Las pocas sociedades juveniles que existían antes de 1945 en la IAFCJ no tenían un programa específico ni un reglamento previamente aprobado. Su principal trabajo se realizaba durante las convenciones, pues durante los cultos participaban numerosos coros juveniles cuyos himnos habían preparado con anticipación. Estamos hablando de un tiempo en que no existían distritos ni sectores o presbiterios en la IAFCJ y que, aparte de las convenciones, tanto en la general como unas pocas que se llamaban regionales, no había cultos de confraternidad ni reuniones en que participaran simultáneamente varias iglesias, excepto uno que otro encuentro de congregaciones geográficamente cercanas.

Manuel J. Gaxiola es reconocido como el siervo de Dios quien originalmente sembró en la IAFCJ la idea de lo que ahora interpretamos se trataba más bien de un movimiento juvenil que fue dirigido por el poder del Espíritu Santo. Este se organizó e institucionalizó en la forma como él lo diseñó y lo propuso para que operara finalmente no sólo a nivel local, sino distrital y general. De esta manera él soñó que a futuro el Señor Jesús hiciera de estos elementos juveniles un muy fecundo semillero de grandes mujeres y hombres llenos de poder, que procurarían y ejercerían sus dones espirituales y talentos en el cumplimiento de la misión de la IAFCJ en México y el extranjero. Así los jóvenes simpatizadores serían atraídos y conducidos a los pies del Salvador, aceptarían el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo, recibirían el Espíritu Santo, se les equiparía para la obra futura en los distintos ministerios oficiales y de todos los creyentes, para luego involucrarlos en el avance e innegable del reino de Dios en este tiempo. Dicha visión se fue desarrollando a lo largo de los años según lo narra el historiador mencionado. “Hay una motivación principal para relatar la historia y es que, tenemos en nuestras iglesias muchos jóvenes de ambos sexos, con inquietudes, aspiraciones, ilusiones, sueños, visiones y llamamientos muy semejantes a los que teníamos los jóvenes de nuestro tiempo”, dice MJG (1995). A estos muchachos/as, esta crónica y sencillo relato, es posible los impulse a entregarse en las manos de Dios, lanzarse a lo desconocido y hacer algo relevante y útil para el Señor. Después de todo, la obra es de Dios y nosotros somos sólo instrumentos en sus manos.

En el año de1945, la obra apostólica en el Distrito del Pacífico abarcaba desde Nogales, Sonora, hasta la ciudad de México. El grueso de las iglesias, se localizaba en los estados de Sonora, Sinaloa y Nayarit. En Jalisco sólo se contaba con la iglesia de Guadalajara y, entre esta ciudad y la de México, únicamente había una pequeña congregación en Morelia, que en vez de bancas, utilizaban una viga de madera para sentarse todos, pues eran sólo cinco hermanos. La ciudad de México, en ese tiempo, apenas contaba con dos millones de habitantes y no era el monstruo demográfico que ahora conocemos.

Manuel Gaxiola, en ese tiempo, tenía 18 años y mantenía una relación muy estrecha con su pastor, Leonardo Sepúlveda, quien como responsable de la congregación en la ciudad de México y miembro del distrito mencionado, debía asistir a la convención en marzo de ese año que tendría lugar en Angostura, Sinaloa; por lo que junto con él hizo el viaje al estilo “apostólico”, como entonces se acostumbraba, predicando en las congregaciones y recibiendo la ayuda de los hermanos para poder continuar su viaje.

Ya en la convención del Distrito del Pacífico, MJG (1995) comenzó a hacer contacto y a promover la inquietud que bullía en su mente, acerca de una estructura más uniforme a la que se adaptaran todas las sociedades juveniles hasta entonces organizadas en la región. Dentro del grupo de jóvenes presentes en la congregación, a los que él compartió su visión acerca de la educación cristiana y el trabajo juvenil, había algunos amigos de la infancia y otros sus propios familiares.

Durante la convención, el equipo antes mencionado, trabajó varios días en el proyecto propuesto por él. El grupo que era pequeño trabajó en casa de una familia de apellido Romo y luego se le dio la oportunidad y permiso, para que se reunieran todos los demás jóvenes asistentes a la convención, para explicarles lo que se pretendía hacer. Al presentarles la idea, eso entusiasmó tanto a los presentes, que se consideró que era un asunto de tanta importancia, que merecía que todos los jóvenes ayunaran al día siguiente. Cuenta el escritor: “Ya estábamos a punto de aprobar la idea del ayuno, cuando se paró un joven de nombre Pablo Rodríguez y con mucha pasión alegó que no debíamos ayunar, ya que según Lucas 5.34 no se puede hacer que ayunen ´los que está de fiesta´, y así como las bodas son una fiesta, también lo son las convenciones apostólicas. En esto de las convenciones apostólicas como fiestas, estaba en lo correcto, pues toda reunión apostólica es una celebración. Los que oímos a Pablito, nos quedamos maravillados de su hermenéutica y decidimos no ayunar al día siguiente, sino seguir la fiesta. Una comisión trabajó en el proyecto final y luego fue aprobado por los ministros” (Idem: 1995).

Como ya se señaló antes, lo que se hizo en Angostura no fue iniciar el trabajo juvenil a nivel local, pues éste ya existía, “lo que nosotros hicimos allí, fue proponer un reglamento local para las sociedades juveniles y que estas unieran sus esfuerzos y posibilidades para disponer de mayores recursos humanos y materiales en tareas que no se habían especificado antes, excepto en términos como ‘llevar el evangelio a toda criatura’ o ‘cooperar al extendimiento de la obra” dice MJG (1995). Además, la mayor parte de los propósitos tenían que ver con la juventud local. Los jóvenes, entre otras cosas, cultivarían la piedad por medio de ayunos y oraciones, tendrían el derecho y obligación de formar coros, organizarían comisiones de aseo y adorno de templos, reunirían los fondos necesarios para realizar sus proyectos. También allí se aprobó agrupar a todas las sociedades en una federación y se estableció el principio de que las sociedades enviaran una parte de sus ingresos a la que se llamaría “Federación de Sociedades Esfuerzo Cristiano Juvenil”. Estos ingresos se usarían para programas misioneros, de evangelización y otros fines.

La mesa directiva que se eligió en esa ocasión para la Federación del Distrito del Pacífico, incluyó a Manuel de Jesús Gaxiola Gaxiola como Presidente y a Efraín Romero como Secretario. Este último era un joven ferrocarrilero de larga tradición como evangélico y sus padres fueron los primeros miembros con los que contó la IAFCJ en Mazatlán, Sinaloa. Los jóvenes y los miembros de la recién formada mesa directiva juvenil deseaban que la tesorería fuera ocupada por algún otro joven, de los cuáles había muchos y muy capaces en la reunión, pero al tratar el asunto con los ministros ellos decidieron que necesitaban en la mesa directiva a una persona “seria” y designaron para tal responsabilidad a Leonardo Sepúlveda. Naturalmente, ellos reconocían en este ministro su capacidad y excelencia, pero fueron muchos los que sintieron que había cierta intención de controlar el experimento y asegurarse de que los nuevos funcionarios no se saldrían de los parámetros que les señalaran de “más arriba”, aparte de que se dudaba de su madurez. Sepúlveda tenía sólo 31 años de edad, pero a ellos, les parecía un poco viejo, acota Gaxiola en su escrito.

Las reuniones que llevaron al nacimiento de la primera federación juvenil, después fraternidad juvenil distrital y ahora red juvenil, y los resultados específicos que se obtuvieron al ser aprobados el Sábado de Gloria de marzo de 1945, crearon una ola de entusiasmo entre todos los jóvenes que en ella participaron y ampliaron la visión de lo que era posible hacer al conjuntar la capacidad y demás recursos de todos los grupos locales.

Cuentan una anécdota de que a uno de los más entusiastas participantes en esas decisiones le habían concedido la semana anterior la mano de su novia para casarse con ella en una fecha próxima, y en una de las sesiones, en un momento de arrebato exclamó: “Si hubiera sabido que íbamos a hacer esto, no habría pedido a la Chayito” (Idem: 1995).

Al final del evento, estos soñadores fueron afortunados al recibir la aprobación del proyecto por la Mesa Directiva Nacional de esa época. El “Pastor General” Felipe Rivas Hernández; el Secretario General José Ortega Aguilar; el Tesorero General Aurelio Rodríguez y el Obispo del Distrito del Pacífico Maclovio Gaxiola López, apoyaron unánimemente lo que la juventud de esa región había propuesto hacer.

Como una consecuencia de lo sucedido y reseñado antes, no se dificultó que enseguida la Mesa Directiva Nacional de la IAFCJ aprobara la celebración de una conferencia juvenil nacional para octubre de 1945, simultánea a la Convención General en Torreón, Coahuila. De nuevo se autorizó a Manuel Gaxiola a que la convocara con miras de llegar al consenso de organizar una confederación nacional de sociedades así como federaciones y sociedades juveniles apostólicas que se requerían en el resto de México. Para el efecto, comenzó a recabar de los pastores los nombres de sus líderes juveniles y a comunicarse con ellos para informarles de lo que habían hecho en Angostura los de aquel distrito y adelantarles lo que se estaba previendo a nivel nacional. Para ello se invitó a que cada sociedad del resto del país enviara cuando menos un delegado a la primera conferencia juvenil nacional que al fin se efectuó del 24 al 31 de octubre del año mencionado.

Narran que cumplida la fecha del 25 del mes citado, se reunieron poco más de cuarenta jóvenes delegados procedentes de todos los estados de la república donde había entonces iglesias apostólicas, que para ese año sólo eran 122 aproximadamente las que había en todo el país. Tan pronto como dio principio la primera sesión, ésta comenzó con una nota que podría llamarse discordante; una delegada preguntó dónde decía la Biblia que debía haber sociedades juveniles locales, federaciones distritales y una confederación nacional. De inmediato se dio la respuesta respectiva, la cual satisfizo a la mayoría y en su momento facilitó aprobar la propuesta de uniformar y aplicar en todas las iglesias del país el proyecto de reglamentos para sociedades y la única federación que para entonces ya había organizada y para las demás que fueran surgiendo en el futuro. Esto mismo se hizo respecto a la forma en que funcionaría en lo sucesivo la nueva confederación juvenil nacional. Todo ello clarificó la visión del trabajo y provocó un gran entusiasmo entre los asistentes.

En una de las reuniones, se constituyó la mesa directiva de lo que se llamó la Confederación Nacional de Sociedades Esfuerzo Cristiano Juvenil quedando integrada con los mismos elementos que habían sido electos en marzo para la federación de la costa del Pacífico. Finalizada la conferencia se logró que estos jóvenes llegaran a sus sociedades locales compartiendo lo que en Torreón se había dicho y hecho, sirviendo de base firme para lo que vendría en el futuro.

Posteriormente a esto, Manuel Gaxiola Gaxiola, presidente de la susodicha confederación, fue invitado por el Pastor Leonardo Sepúlveda para que fuera examinado y aprobado para su iniciación en el diaconado y así pudiera oficiar y ejercer su responsabilidad con más libertad. En esa nueva posición luego pudo viajar por distintas partes del país promoviendo el trabajo que se le había encomendado y organizando las federaciones juveniles necesarias. Para octubre de 1947 ya habían lanzado a la circulación una revista oficial de la organización que se llamó “La Voz Juvenil” y de la cual publicaban dos mil ejemplares bimestralmente.

3. Constitución de los Embajadores Apostólicos.

Fue en octubre de 1948, durante la Convención General de la IAFCJ de Torreón, Coahuila y a propuesta de Gaxiola (1995), cuando se introdujeron varios cambios en los estatutos con el fin de precisar mejor el nombre, los principios y valores de la organización juvenil. Para esto debieron previamente los jóvenes hacer una serie de cuidadosas consideraciones y consultas diversas, entre las que pudieron lógicamente incluir:

(1) La situación general reinante. El entorno social, económico y político predominante de aquellos días ya apuntaba hacia el progreso de la ciencia y la tecnología en todas las áreas, pero también en la búsqueda de una explicación lógica las cosas, alejaban al hombre de su Creador. Entre la juventud, la profusión de libros y revistas que le hacían creer que Dios era sólo un mito y que la iglesia es únicamente para la gente adulta e inculta estaba propiciando el deterioro de valores, el relajamiento, violencia y desenfreno moral. Ante esta situación, los jóvenes apostólicos, no podían ser indiferentes ante todo ello. Por lo cual consideraron que era y es todavía tiempo de que como seguidores de Cristo se convirtieran en ese dinámico movimiento juvenil que hiciera resurgir aquella voz que proclamara en el desierto el anuncio de la verdad y la llegada del reino de Dios.

(2) La nueva posición en Cristo. Aquellos pioneros estaban plenamente conscientes de que cuando recibieron a Jesús como su Salvador y fueron bautizados en agua en el nombre de Jesucristo y llenos de su Espíritu Santo, sucedieron en el ámbito espiritual varios cambios simultáneos muy importantes. Fueron redimidos, rescatados y libertados del reino de las tinieblas por medio de un pago costoso por su rescate (la sangre de Cristo derramada en la cruz del calvario).

(3) La identidad congruente. También aquellos muchachos, creían haber llegado a ser parte de algo nuevo originado en Dios: Hijos e hijas de él. Asimismo, estaban seguros de haber sido dotados de dones espirituales que les permitirían ejercer con eficacia una gran diversidad de ministerios para acometer la misión de Jesús.

(4) La función a desempeñar. Toda esa maravillosa transformación antes mencionada movió indudablemente a estos jóvenes a aceptar el llamado a convertirse en embajadores o representantes de Dios en la tierra y a ostentar dignamente ese nombre dentro de las filas la IAFCJ y promovieron las reformas siguientes a sus estatutos.

Primero, adoptaron el nombre de “Embajadores Apostólicos”, en sustitución de “Esfuerzo Cristiano Juvenil”. Seguramente porque éste para ellos era más congruente con el mandato y el ejemplo del Señor Jesús, de que él no vino para ser servido, sino para servir (Mr. 10.45): predicando, enseñando, consolando o ayudando, siempre con una verdadera vocación de servicio. Asimismo, esto facilitaría llevarlo a cabo teniendo la convicción, como ya se aludió antes, de que el Espíritu Santo reparte dones a todos los creyentes (1 Cor.12.7) y desea que éstos sean ejercidos por todos con responsabilidad gozosa, bajo la guía de su única autoridad. Además, en esa forma también se acataría la recomendación que el apóstol Pablo hiciera a un joven: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti” (2 Ti. 1.6), y así se ejercería un ministerio de poder de lo alto para un más efectivo cumplimiento de la misión. Por ello creemos se decidió que este importante sector juvenil de la IAFCJ en lo sucesivo ostentara un nombre más significativo, el de “Embajadores Apostólicos”.

¿Por qué “embajadores”? Porque en esta etapa es decisivo para el joven y la señorita, educarse, descubrir y asumir una vocación personal para la realización y calidad de su proyecto de vida. Luego, a través del cultivo y ejercicio de esa auténtica vocación logrará alcanzar la experiencia necesaria y la felicidad anhelada como cristiano/a y ser humano. Por otra parte, la Biblia y la Iglesia al motivar a la juventud creyente al desempeño de una función como ésta, la equipara a una propuesta con sentido para que este sector sea útil a los demás y así encuentren su plena autorealización. Además, qué mejor nombramiento y ministerio a ejercer como “embajador”, el cual significa ser representante, el mensajero; y “apostólico”, una persona enviada con un mensaje importante que comunicar.

Segundo, el texto bíblico fundamental e inspiracional sería 2 Corintios 5.20: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.

El envío de embajadores o la designación de delegados o portavoces entre diferentes reinos y países, aun también en instituciones internacionales actualmente, ha sido una práctica muy antigua. En el primer siglo, el apóstol Pablo empleó esta imagen para explicar a los creyentes de Corinto su nueva posición como creyentes. “Somos embajadores en nombre de Cristo…” (2 Co. 5.20). Su desempeño sería semejante al secular: proclamar, promover, persuadir, y darle continuidad a todo cuanto ayudara al avance de su Estado. Ese embajador sería la representación local simbólica de determinado gobierno nacional humano en territorio extranjero.

Además, al hacer dicho apóstol esta afirmación la apoya en la enseñanza del mismo Jesús, quien así llamó “apóstoles” a los doce (Lc. 6.13) al enviarlos con su propia autoridad, la misma que él recibió de su Padre: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20.21). Jesús los comisionó en su nombre, y por eso podía decir: “El que a vosotros recibe, a mí me recibe” (Mt. 10.40), “El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha…” (Lc. 10.16). Y como enviados personales suyos, Jesús les hacía partícipes de su mismo poder: “En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas...” (Mr. 16.17s).

Partiendo de la fundamentación bíblica anterior se consideró muy apropiada la aplicación a la juventud apostólica, pues como hijos de Dios, se convertirían en eso, embajadores del reino de los Cielos cuyo Soberano era y sigue siendo el Señor Jesús, quien los había enviado a realizar, entre otras, las siguientes funciones:

(1) Representar los intereses de nuestro Rey, los cuales se encuentran plasmados en la Biblia que es el manual de vida; pues la palabra de Dios nos describe cuál debe ser nuestro comportamiento ante Dios y las personas.

(2) Servir como canal de comunicación entre Dios y aquellos que todavía no pertenecen al reino de los cielos, atendiendo diligentemente el llamado de ir y predicar el evangelio a toda criatura.

(3) Ayudar a los necesitados, siguiendo el ejemplo del Señor Jesús que cuando ejerció su ministerio en la tierra vino a servir y no a ser servido. Teniendo en mente esta aseveración la juventud debería honrar honestamente dicho nombramiento.

Tercero, el lema que adoptaron fue: “Fieles, útiles y activos”. Éste tendría por objeto reafirmar lo anterior, como lo veremos a continuación:

(1) La definición de “fiel”, aparte de referirse a ser cristiano, creyente, según la Real Academia Española (RAE), también es el que guarda, defiende y es leal a la fe y a lo que se le profesa; es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él. Es exacto, se conduce conforme a la verdad, es leal, honrado. En el plano bíblico, es fiel el creyente que se compromete a confiar en Cristo y a obedecerle. El ejemplo más sublime de fidelidad lo halla y se basa en Dios mismo, siempre cumplidor de sus pactos y promesas; así nos lo atestiguan las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. De la misma manera como el Señor es fiel, por lo consiguiente se requiere fidelidad en el carácter cristiano; él tiene la responsabilidad de mantenerse fiel ante a los momentos más difíciles en la vida, aunque esto le cueste la vida.

Actualmente el mundo reclama hombres y mujeres que marquen una pauta de vida; que se constituyan en ejemplo de la misma manera como Jesús lo fue. Y una forma eficaz de trazar derroteros que no sólo sean convincentes sino que causen impacto en quienes nos rodeen, es mediante la fidelidad primeramente al Señor. Quienes han trascendido espiritualmente, tal como lo registra la Biblia, fueron aquellos que guardaron fidelidad a Dios en todos los aspectos. Por eso era y todavía es necesario que la juventud apostólica siga teniendo bien presente y recuerde cultivar siempre esa tipo de fidelidad. Aquéllos así recordaban hacerlo al recitar esa parte del lema todas las veces que lo hacían en el pasado.

(2) Por otra parte, el ser “útiles”, que es el segundo enunciado del lema juvenil propuesto, se fundamentaba también en la vida de Jesús, el del verdadero siervo útil, ejemplo ideal para la vida cristiana.

El evangelio según lo presenta Marcos (10.45), demuestra de manera suficientemente descriptiva, la imagen del Cristo bondadoso que humildemente dispuso su vida en favor de los demás. Y si en algo se distinguió el ministerio del Maestro fue, esencialmente, en el servicio que prestó a la humanidad; una manera completamente desinteresada de su buen obrar, al comparar el pago que posteriormente recibió de su entrega en favor del prójimo.

Interpretando el espíritu de este evangelio, según el asunto que nos ocupa, somos atraídos a fijar la atención en los hechos de Jesús, más que en sus dichos. Por lo tanto, no debemos descuidar este objetivo tan elemental por el cual Cristo nos dejó su ejemplo. De otra manera, al discípulo que pretenda seguir fielmente sus pasos se le dificultará encaminarse en la firme disposición de ser útil en todo momento. Asimismo, estamos seguros de que todos los demás componentes del cristianismo carecerán de completo significado.

Esta declaración de Jesús sobre su propio ministerio, tantas veces mencionado, a nuestro parecer debía y debe seguir centrando el pensamiento de nuestros jóvenes a la hora de poner en práctica el modelo que el Señor mismo estableció. Servir a Dios y ser útil a nuestro prójimo, de la manera como él lo hizo, debe ser la máxima aspiración de cualquiera que, en el buen sentido del término, se declare a sí mismo cristiano. El servir y ser útil a los que lo necesitan no es asunto de edad, sino de madurez y de imitar su ejemplo.

Esta reflexión del lema en cuanto a ser “útiles”, debió alentar e impulsar después a los muchachos a ingresar y trabajar en el ministerio ordenado así como en el de todos los creyentes, con humildad, responsabilidad y excelencia, entonces y todavía hoy en la actualidad.

(3) Finalmente sobre la palabra “activos” del mismo lema juvenil, encontramos las definiciones que siguen: Del griego se traduce como “celo, solicitud, ansias o prisa” y del latín, “cuidado y actividad en ejecutar una cosa. Prontitud, agilidad, prisa”. En este caso, también la juventud apostólica tomó como su lema, el modelo del carácter y manera de conducirse de Jesucristo, quien se distinguió por su gran dinamismo, diligencia y actividad en su vida y ministerio. Por ejemplo una vez él dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo” (Jn. 5.17), lo que indica que él siempre estaba haciendo lo que se le había encomendado hacer. Y en Juan 4.35 les hizo una pregunta a sus discípulos: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí yo os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”. En la opinión de los discípulos, la siega no estaría lista sino hasta cuatro meses después, pero según Cristo, la siega ya había llegado. Él luego les pidió alzaran su vista y miraran, con el fin de que estuvieran conscientes de la situación real y actuaran en consecuencia con gran diligencia.

El apóstol Pedro por su parte recomendó: “…poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 P. 1.5-7). Esto sin discusión alguna, es diligencia. Los traductores del griego al español, en este pasaje utilizaron siete veces la expresión sintáctica “a” y “a la” para destacar la necesidad de añadir virtud tras virtud. Esto muestra que un hombre piadoso y diligente siempre le añade a lo que ya tiene; no se contenta con lo que posee. Por lo tanto, tenemos que cultivar tal carácter; siempre necesitamos añadir a lo que ya tenemos y nunca conformarnos; siempre podemos estar añadiendo... “a” y “a la”. Debemos esforzarnos para siempre avanzar.

También el apóstol Pablo urge varias veces en la 2a epístola al joven Timoteo (2.15; 4.9): “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse…” (2.15); “Procura venir pronto a verme” (4.9) y “Procura venir antes del invierno” (4.21). Esto debido a que una persona que es diligente, hará o vendrá pronto. Pero si es perezosa, vendrá lentamente. El mismo Pablo le señala a Tito (3.12) que se apresure a venir a él. En esa forma este siervo les recalca a estos jóvenes sobre la necesidad de ser muy activos.

Judas, el apóstol, se conducía de igual manera al decir en el versículo 3: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. A este siervo también le urgía escribirles a los cristianos en general sobre ese asunto tan importante.

Resumiendo estos comentarios sobre la palabra “activos” del lema seleccionado por los “Embajadores Apostólicos”, en la parábola de Jesús en Mateo 25.18-30, vemos que en el tribunal que allí se menciona los siervos enfrentarán dos posibles acusaciones, una de “buen siervo y fiel” y otra de “malo y negligente”. El primero fue señalado así por su fidelidad a lo dispuesto y el segundo porque albergó pensamientos prejuiciosos acerca de su Señor y se mostró perezoso e inútil al no hacer producir el capital entregado.

Los jóvenes apostólicos al decidir ostentar en su organización el lema: “Fieles, útiles y activos” indudablemente que aspiraban a ser siervos/as, buenos/as y fieles en su ministerio y servicio ante su Señor.

Cuarto: El himno oficial. Algo más que ocurrió durante esta convención y conferencia en la que se constituyó este departamento juvenil de la IAFCJ fue el lanzamiento del himno oficial de la nueva organización, cuyo autor fue el mismo Manuel J. Gaxiola, y que se transcribe íntegro a continuación; además de la partitura musical que posteriormente preparó el profesor Ramón Rentería:

EMBAJADORES APOSTOLICOS 1 Vamos marchando y al caminar nos consagramos al Señor, y con la fuerza que de él emane venceremos todo el mal. “Fieles y útiles y activos” es el lema de este batallón, que está llevando el buen mensaje a todo el mundo pecador.

Coro: Somos embajadores de un gran Rey. El mundo oirá nuestra canción; y cada día un nuevo paso hay que dar camino a Sión. La Iglesia tiene en la juventud firme baluarte y sostén, y en la batalla contra el maligno no hay que cesar hasta vencer 2 Este mensaje hay que proclamar, y cada día ejemplo dar, de mansedumbre y un testimonio que sea digno de imitar. Pronto veremos una aparición, el Rey de gloria que vendrá para llevarnos a las mansiones, que ha preparado para el fiel. 3 En las batallas siempre lucirá, de estos soldados el valor; y con la mano del que nos guía, nuestro amado Salvador, triunfo obtendremos y al terminar con gozo hemos de exclamar: ¡Una corona de honra y gloria espera a todo vencedor!

4. Aportes al desarrollo integral individual juvenil, a la sociedad y al mundo.

En opinión del escritor Gaxiola, después de las decisiones tomadas y narradas antes, paulatinamente se empezó a sentir el impacto de lo que se había iniciado en octubre de 1945. Gradualmente la IAFCJ y los propios “Embajadores Apostólicos” fueron percibiendo en su quehacer el protagonismo diverso de los personajes que menciona la historia bíblica y de su aporte significativo en la realización de los planes divinos que los motivó a imitarlos. Aparte de reconocer el del mismo Jesús, admitieron el llamado que Dios hizo también a Josué, quien fue preparado y formado previamente bajo el liderazgo de Moisés, para ponerlo al frente del pueblo de Israel y fue desafiado a acometer la tarea con valor según Josué 1.9. Igualmente sucedió en el caso de David, quien cuando era muy joven fue desechado por su propia familia como candidato a convertirse en líder de su nación. Pero Dios ya lo tenía apartado para ser el rey que sucedería a Saúl y así aconteció (1 S. 16.6-13). Por su parte el joven Daniel defendió sus principios en la corte de Babilonia (Dn. 1.8); la criada de la casa de Naamán testificó a favor de su Dios, siendo aún una muchachita (2 R. 5.1-14). Y así, podríamos citar otros ejemplos de jóvenes que desempeñaron también tareas especiales según la Biblia; y que probablemente por eso el apóstol Pablo llegó a aconsejarle a Timoteo (4.12, 14): “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… no descuides el don que hay en ti…”

Inspirados en dichos ejemplos, los jóvenes y señoritas apostólicos ya debidamente organizados empezaron a tomar parte activa en las diferentes actividades eclesiásticas y pastorales. Este involucramiento, aunque en principio limitado tan sólo a acciones concretas en lo local, fue abarcando progresivamente otras áreas importantes de sus vidas como lo enumeramos enseguida.

Primero: Se estimuló el desarrollo íntegro en lo físico, emocional, intelectual, social y espiritual en la vida personal de los jóvenes apostólicos para atender el llamado o vocación divina expresado en una autorealización y un activismo positivo e íntegro para el servicio a Dios y a los demás.

El proyecto de vida de cada joven y señorita comenzó a manifestarse a través de la ejecución concreta de actividades en su medio. Para ello empezaron a desplegar su capacidad intelectual y el sentido de responsabilidad para cumplir con dicha(s) tarea(s) asignada(s), mismas que fueron produciendo en sí mismos la transformación integral de su ser, así como el propio entorno de cada Embajador Apostólico, teniendo como eje en toda su manera de ser el mismo modelo del Señor Jesús.

En su momento, la experiencia adquirida en su quehacer complementó el aspecto emocional y social como era de esperar que cultivaran y aconteciera según los especialistas en desarrollo humano. De igual manera, su protagonismo los indujo a la toma de decisiones estimulando su capacidad de decidir para que el mismo joven o señorita creyente fuera capaz de elegir lo mejor, o sea lo que más feliz pudiera hacerlo sentir no sólo en sus creencias y prácticas, sino también en lo que tenía que ver con su existencia y vida normal. En resumen cada embajador/a tuvo que definir su propio proyecto de vida para llevarlo a cabo en lo sucesivo, evitando que algunos de ellos se inclinaran en llevar su existencia a la deriva, y sobre todo que la mayoría establecieran líneas de acción que orientaran sus decisiones personales en la forma más conveniente.

Esa fue una aportación importante de los “Embajadores Apostólicos” que se basó en una interesante propuesta de desarrollo integral de los aspirantes que derivara en su autorealización humana, cristiana y espiritual en el servicio a Dios según lo marca la Biblia. Esa fue la opción fundamental que aceptaron los jóvenes y señoritas afiliados: un existencial junto con lo antes mencionado que al fin los motivara y movilizara a vivir su vida conforme a su propia vocación, de madurez plena, incluyendo el de convertirse en protagonistas de la fe en Jesucristo su Señor para bendición de la iglesia y la sociedad.

Segundo: También contribuyeron en el ámbito secular. Los jóvenes respondieron en forma práctica en lo individual al llamado que recibieron de parte del Señor Jesús para contribuir en esta área. Los que se inclinaron por esto siguieron profesando su fe en Cristo, pero a la vez procuraron su superación educativa y profesional para desempeñarse en lo secular y social.

En esta aportación que consideramos muy fundamental se requirió además la formación y cultivo de la disponibilidad y capacidad de renuncia, de entrega y de sacrificio, que les permitiera ocupar y servir en puestos de responsabilidad y de dirección en las propias instituciones y organismos donde se ocuparon.

El historiador de la IAFCJ, Maclovio Gaxiola López (MGL:1964 en adelante), comenta lo que en su tiempo se había alcanzado sobre el particular y que hasta la actualidad se ha seguido observando en esta denominación:

No es un orgullo pero sí una satisfacción que en todas las actividades de la vida de nuestro país tenemos hombres [y mujeres] apostólicos [involucrados]. Los tenemos en el comercio, la industria, la banca, la agricultura y la ganadería. Tenemos profesionistas, médicos, licenciados, ingenieros y aún tenemos elementos que ayudan a gobernar los pueblos, participando en asuntos políticos. A todos ellos los norma la misma disciplina y todos procuran elevar los nobles ideales que persigue nuestra organización. La probidad, la rectitud y la templanza, son virtudes que procuramos mantener en la vida de todos los miembros por lograr la caridad, la fe y la esperanza. Y persiguiendo la piedad, cada miembro de nuestra Iglesia procura revelar en vida uno de los atributos comunicables de Dios, que es la santidad. Procuramos respetar los derechos [humanos] morales de todos los individuos y mantenernos fuera de los vicios y las bajezas humanas.

Ha sido una lucha sin cuartel en contra de la ignorancia, el vicio y la degeneración, pero mucho se ha logrado en estos años… De esta manera estos jóvenes apostólicos decidieron realizarse influyendo en las diferentes esferas de la actividad humana y muchos todavía en el presente siguen ejerciendo su vocación profesional sin abandonar su fe, desplegando su personalidad y carácter cristiano: su inteligencia, su sociabilidad, su servicio, su tenacidad, lealtad, optimismo, etc., en bien de los demás. Así los Embajadores Apostólicos aportaron a la comunidad, personas cristianas que optaron consciente y decididamente por vivir su vida como seguidores de Jesús dentro del medio en que llegaron a desenvolverse, con todas sus consecuencias sin apartarse de sus principios con todo lo que ello implicó. Ellos vivieron y lo siguen haciendo todavía con intensidad y esperanza, afianzados y asentados en el conocimiento y seguimiento de Cristo; sin dejar de practicar la oración diaria basada en la lectura, el estudio de la palabra de Dios y teniendo una participación asidua e intensa de las ordenanzas y demás prácticas de su Iglesia.

Tercero: Otro aporte de este departamento que aquí cabe mencionar fue su modelo de organización y ejemplo de liderazgo juvenil que adoptaron desde un principio y que influyó inmediata y fuertemente para que los demás grupos de señoras y señores de la IAFCJ lo acogieran para sí. MJG (1995), en “Cincuenta años después”, cuenta que:

El mismo mes en que nosotros fundamos la Confederación Juvenil, un laico de oficio zapatero en Mexicali, Baja California, y que se llamaba Remedios Cárdenas, lograba que se organizara la primera sociedad de señores de la Iglesia Apostólica. [Asimismo,] faltaban como dos años para que [este] departamento [varonil] se organizara a nivel distrital y nacional y fueron las Dorcas las que primero lograron este objetivo y, cuando se pusieron a buscarlo, siguieron el mismo patrón que nosotros habíamos ideado en Angostura y Torreón.

Una muestra que proporcionamos para su consideración de esta contribución, es la lista de presidentes y directores, de la que se conoció primero como confederación y luego fraternidad de jóvenes, quienes participaron destacadamente en el liderazgo de esta agrupación a nivel general. Lamentablemente por falta de espacio y carencia de datos precisos omitimos enumerar a los otros miles que de igual manera también sirvieron a nivel distrital y local en el país. Baste lo siguiente:

(1) Manuel J. Gaxiola, presidente fundador 1945-1947 (2) Raúl López Mendoza 1947-1950 (3) Amós García 1950-1952 (4) Pablo Mejía Gómez 1952-1954 (5) Manuel Rodríguez Castorena 1954-1958 (6) Francisco García Ocaño 1958-1960 (7) Quintín Ibarra Zúñiga 1960-1962 (8) Celestino Martínez de la Rosa 1962-1966 (9) José Felipe Gaxiola Gaxiola 1966-1970 (10) Alfredo González Morales 1970-1974 (11) Leonardo Soto Sánchez 1974-1978 (12) Manuel J. Baruc Gaxiola Figueroa 1978-1979 (13) Saúl Martín del Campo González 1979-1982 (14) David Tovar Díaz 1982-1984 (15) Juan Manuel Martínez Gaytán 1984-1987 (16) Samuel López Torres 1987-1991 (17) Neftalí Rodríguez González 1991-1995 (18) Melquisedec Gallarzo López 1995-1999 (19) Isaac Marrón Gaxiola 1999-2003 (20) Mauricio Fernández Figueroa 2003-2007 (21) Guadalupe Leyva Ruíz 2007-2010 (22) Esaú Mejía 2010-2012

Cuarto: Asimismo, colaboraron reforzando el ministerio laico o de iniciación al diaconado. Otro grupo de jóvenes, después de haber hecho su profesión de fe, ser bautizados en agua en el nombre de Jesucristo, ser llenos del Espíritu Santo y haber descubierto sus dones para ejercer alguna función desde el ámbito religioso, prefirieron poner en acción todo su potencial humano y espiritual a lo que se consideró por muchos años como el servicio laico, mismo que últimamente se le ha llamado en esta Iglesia oficialmente el ministerio de todos los creyentes (Ef. 4.11, 12).

Los de esta tendencia, semejantemente a la del otro antes mencionado, mientras cursaban estudios medios y superiores, y simultáneamente desempeñaban cierto empleo secular, empezaron a colaborar en las iglesias como servidores o líderes en diferentes responsabilidades, cooperando por ejemplo como:

(1) Motivadores, liturgistas, cantantes, músicos, servidores en comedores y construcción de templos, comisiones diversas. (2) Secretarios, tesoreros, etc. (3) Maestros de clases bíblicas. (4) Directores de grupos infantiles, juveniles y aun de adultos. (5) Evangelistas, visitadores, etc.

De esa manera, fueron reafirmando y desarrollando toda su capacidad humana y espiritual exteriorizándolas a través de valores muy valiosos como la fe transformadora, el amor al prójimo, la responsabilidad, el servicio en general, etc., Quinto: Engrosaron al ministerio ordenado del cual con el tiempo surgieron miles de pastores, evangelistas y funcionarios distritales como también muchos otros que colaboraron en el nivel general. Todos ellos pasaron por el proceso de la iniciación demostrando su vocación de servicio en su comunidad, congregación local, distrital, antes mencionado, y luego prefirieron probar preparándose en el seminario de la Iglesia llamado Instituto Teológico Apostólico Internacional (ITAI) y posteriormente en el Centro Cultural Mexicano (CCM), para luego ser facultados a ejercer al ministerio oficial u ordenado de la Iglesia. Al respecto volvemos a citar el libro de Historia de la IAFCJ de Maclovio Gaxiola (1964), en el que asentó lo siguiente sobre la situación de entonces:

En cincuenta años de vida de nuestra Iglesia ha formado hombres fuertes, niños que nacieron al calor del amor cristiano son ahora los ministros que tienen muy dentro el sentimiento de la verdad y doctrina apostólica. Nuestra Iglesia ha producido grandes predicadores, hombres que con visión amplia y con mensajes elocuentes han pregonado las verdades eternas en distintas partes. Tenemos cerca de mil ministros y de entre ellos cuando menos un 10% son hombres, cultos, preparados suficientemente en las cosas de la vida y de la teología, hombres que principiaron al calor de la débil luz de una vela a estudiar la palabra de Dios y hoy resplandecen como luminares en el mundo.

“La juventud impone” ha sido la frase que ha impulsado a la juventud en todos los tiempos y no podemos negar que los ministros más prominentes de nuestra Iglesia en la actualidad fueron líderes del departamento juvenil en su tiempo. Así que su orgullo de ser un departamento básico, desde donde salen los elementos para engrosar las filas del cuerpo ministerial, del departamento de varones cristianos y de las sociedades femeniles “Dorcas” tiene su justificación.

Algo semejante a lo relatado arriba ocurrió sucesivamente, de modo que a finales del 2013, las estadísticas de la IAFCJ reflejaban que en la IAFCJ había: 1800 pastores y más de 2000 ministros ordenados, de los que sin duda la mayoría (sin tener que citar nombres), habían nacido, crecido y sido formados previamente dentro de la organización juvenil de la iglesia. Sexto, Cooperaron decididamente en la misión de la iglesia. Los componentes de esta tarea a los cuales hasta ahora la IAFCJ le ha dado mayor énfasis y prioridad en su compromiso y cumplimiento de parte de todos sus miembros, en los que por supuesto la juventud ha destacado especialmente desde un principio, ha sido la educación, evangelización, las misiones y el servicio social. Enseguida lo describiremos así:

(1) En la evangelización nacional. El primer elemento de la gran comisión dada por Jesús en Mateo 28.19, es: “Id y haced discípulos…” En la IAFCJ la evangelización y reproducción de iglesias, dependió al principio de la dirección de los Pastores y del esfuerzo personal de los miembros de las mismas congregaciones en el cual se incluyó a los jóvenes para la proclamación del evangelio. Ello ocasionó con el tiempo que la expansión del crecimiento numérico y fundación de iglesias fuera un tanto desproporcionada geográficamente y se descuidara hacer presencia especialmente en ciertas regiones y ciudades importantes de México. Por lo tanto fue hasta la década de los 50’s, que además de continuar con la modalidad anterior, se introdujo el sistema de asignar a cada confederación de señoras, señores y jóvenes la responsabilidad de enviar y sostener uno o varios evangelistas incluyendo en algunos casos el comprarles terreno para construirles su templo. Esto se hizo bajo programas motivadores que se les llamó, entre otros: “Marcha al Centro”, “Proclamación en la nación”, etc. Los recursos económicos para financiarlos consistieron en reunir semestralmente ofendas para ese fin. Los jóvenes en particular rifaron automóviles y las utilidades sirvieron para tales propósitos. En esa forma se logró establecer la IAFCJ en muchas capitales de los estados como Aguascalientes, Campeche, Ciudad Victoria, Colima, Cozumel, Cuernavaca, Iguala, Mérida, Morelia, Pachuca, Puebla, Querétaro, Saltillo, San Luis Potosí, Toluca, Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa y otras poblaciones importantes como Acapulco y León. Además, en verano y épocas especiales organizaban caravanas evangelizadoras para apoyar personalmente el trabajo de dichos evangelistas. Al respecto MJG (1994:263) relata lo que sigue:

Por varios años hubo una participación directa de apostólicos que se organizaban en caravanas y se trasladaban a los campos de evangelización y por su cuenta se encargaban de sus gastos para dedicar unos días a evangelizar gente en los lugares donde estaban los evangelistas nacionales, haciendo labor personal por las calles y participando en cultos especiales, donde predicaban ministros que los acompañaban.

A la fecha, tenemos los resultados a la vista. La obra se condensó y en todos los lugares mencionados vemos hoy iglesias florecientes, que con el tiempo se reprodujeron no en una sino en la mayoría de los casos en varias “hijas”, debidamente constituidas con sus respectivas instalaciones y su liderazgo funcional. Todo ello producto de los evangelistas pioneros y de los tres departamentos de la Iglesia que los apoyaron decididamente, incluyendo el de los jóvenes apostólicos que es el tema que nos ocupa aquí.

Además, en los 80’s fue cuando la IAFCJ promovió en todas las iglesias del país la metodología de las células, que en un principio se les llamó “grupos pequeños” en los hogares (para evitar en ese entonces la connotación política que se le daba en ese tiempo a dicho término). Para el efecto, en las congregaciones de suficiente membresía se recomendó organizar tres tipos de grupos diferentes con la finalidad de que unas fueran exclusivamente de oración, para fomentar la devoción familiar; otras eran de estudio bíblico, para mejorar el conocimiento de la Escritura; y otras de evangelización a fin de alcanzar y ganar para Cristo a los vecinos y amigos. Por supuesto, en las iglesias de escasa membresía, tocó al Pastor decidir cuáles de las células que pudieron integrar, se dedicarían a uno de los propósitos mencionados, o bien, si lo harían simultáneamente procurando los mismos fines. De la misma manera como lo había hecho en las anteriores iniciativas evangelizadoras de la Iglesia, también en ésta la juventud colaboró entusiastamente al grado de que fue en esta década en particular que se registró en lo general un crecimiento notable en los tres aspectos citados.

En los años recientes al 2012, antes de la disolución como “Embajadores Apostólicos”, los jóvenes siguieron laborando ejemplarmente en los programas de evangelización de su localidad y distritales. Ahora en especial lo han estado haciendo de acuerdo a la nueva estructura y estrategia que se les ha asignado. De modo que al final del año 2013, según registros estadísticos, había cerca de 8000 alumnos inscritos en las escuelas de ministerios en el país, incluyendo la de la evangelización, de la cual muchos de ellos eran parte de la anterior organización juvenil, así como de las actuales redes celulares de multiplicación juveniles (homogéneas), como hoy se les llama. También se estaban congregando y participando con regularidad casi 100,000 jóvenes y adolescentes en las diferentes actividades de sus templos. El comentario anterior sirve sólo para darnos una idea del grado de involucramiento numérico de los jóvenes en esta parte tan importante de la misión de la iglesia.

(2) En las misiones extranjeras, “…a todas las naciones…” (Mt. 28.19), También MGL (1964:201), relata que: Los jóvenes tuvieron también en su organización la idea de un departamento misionero y ellos estuvieron trabajando en este aspecto hasta que la Iglesia convino en formar su propio Comité de Misiones Nacionales y Extranjeras. Los jóvenes, sin embargo, han sostenido ministros, estudiantes, ministros que han venido del extranjero a prepararse a nuestro Instituto… Asimismo, sabemos que fue un joven estudiante llamado Isidro Pérez Ramírez que se convirtió en un contacto valioso (traduciendo del inglés al español una petición) para que se iniciara el acercamiento y enseguida se iniciara y estableciera la obra misionera por parte de la IAFCJ en Nicaragua. Luego a M.J.G., el fundador de la Confederación Juvenil, le tocó presidir y promover las misiones extranjeras de la Iglesia.

Posteriormente, otros jóvenes que habían servido como líderes de la misma organización juvenil, a saber Manuel Rodríguez Castorena, Quintín Ibarra y Nicolás Herrera, aceptaron el llamado para servir apasionadamente como misioneros por varios años en El Salvador y Guatemala respectivamente. En la actualidad hay varios jóvenes sirviendo en distintos países como misioneros egresados de la Escuela de Misiones (EMI) de la ciudad de México y otra cantidad regular se están preparando allí mismo para salir al extranjero a hacer lo propio próximamente. Últimamente, nos consta que el sector juvenil sigue contribuyendo semestralmente con una ofrenda especial para el programa misionero de la iglesia y muchos de ellos ahora forman parte de la nueva estructura de las iglesias locales denominada Coordinación de Misión y Envío, la cual se encarga de enviar y patrocinar desde la localidad a aquellos misioneros que últimamente dependen de las mismas congregaciones y no necesariamente del Comité General de Misiones de la IAFCJ.

(3) En la educación cristiana. “…haced discípulos… enseñándoles…” (Mt. 28.19, 20). Sobre este particular MGL (Idem) refiere en su obra lo siguiente:

La Confederación Nacional de Sociedades Juveniles ha realizado importantes trabajos y podríamos decir que ellos fueron los primeros en propugnar por la educación cristiana de la Iglesia. Entre su departamento tuvieron un Secretario de Educación y aunque más tarde éste fue nombrado por la Convención General y vino a convertirse en una Secretaría de nuestra Iglesia, a la juventud se debió tal nombramiento que ahora es uno de los miembros de la Mesa Directiva de la Iglesia, que realiza una tarea muy importante.

Como se mencionó en apartado anterior, todo joven que pasaba a pertenecer a los “Embajadores Apostólicos” se le inculcaba la importancia de recibir y compartir la enseñanza bíblica a propios y a extraños especialmente a través de la que se le conoció entonces como Escuela Bíblica Dominical, hoy Escuelas de Ministerios. Por lo que la mayoría de los líderes que sirvieron y aún están sirviendo en los distintos niveles y ministerios de la Iglesia, pasaron por esas aulas. Luego fueron capacitados en los demás programas educativos en lo distrital y general y también en su momento muchos de ellos se convirtieron en maestros de las nuevas generaciones, incluyendo las que asistieron a tomar cursos y se graduaron en lo que fue el Instituto Teológico Apostólico Internacional (ITAI) y ahora Centro Cultural Mexicano (CCM),

(4) En la Asistencia Social. Este es un tipo de ministerio que desde los años 50’s se comenzó a implementar en la IAFCJ y se instituyó en los 60’, para satisfacer modestamente las necesidades de individuos como de grupos de personas en situaciones desfavorables. Aunque el aporte de la juventud apostólica en este renglón ha sido modesto, no negamos que también ha participado colaborando en algunas formas y situaciones especiales.

En relación con la iglesia misma, el servicio social prestado hasta ahora ha sido útil para estimular a ministros que son jubilados y a esposas de los mismos que han quedado viudas. También ha apoyado proyectos para suplir algunas necesidades físicas, materiales y familiares de los pastores así como de miembros de las mismas congregaciones en casos especiales. Respecto a la asistencia a la comunidad, regularmente ha consistido en organizarse en temporadas vacacionales o en situaciones de emergencia ocasionadas por desastres naturales (terremotos, ciclones, etc.), en grupos de profesionistas, técnicos, empresarios y demás miembros de las congregaciones con vocación social para desarrollar ministerios de misericordia acordes a sus conocimientos seculares y habilidades naturales. Esto se ha realizado a través de la organización de brigadas médico-asistenciales, centros de acopio de alimentos y ropa, instalación y atención de comedores, etc., bajo la cobertura de la Asociación Mexicana Pro Educación y Beneficencia (AMPEBAC), de la cual como fieles de la IAFCJ son miembros activos también de dicha A.C.

Sobre la presencia de la Iglesia y la juventud en la creación, funcionamiento y atención de escuelas, orfanatorios, asilos, dispensarios, proyectos de desarrollo, etc., hasta ahora ha sido escasa y en la mayoría de los casos se ha delegado esta responsabilidad a las organizaciones gubernamentales e internacionales para que ellos las brinden.

A pesar de lo asentado de que el aporte de la juventud en esta parte de la misión ha sido insuficiente, podemos afirmar que la mayoría de los apostólicos han estado involucrados en la asistencia social en una forma u otra. Hay muchos creyentes que sin hacer tanto aspaviento ni andar pregonando demasiado su servicio a otros, llegan frecuentemente a las reuniones con bolsas de alimento y de ropa y al terminar el servicio, algún necesitado sale alegre con esa provisión en su mano. El escritor J. Edwin Orr dice: “El derramamiento del Espíritu Santo al avivar las iglesias y despertar las masas no sólo promueve el evangelismo y la enseñanza de la Palabra sino que también acelera la acción social”. Por lo tanto, los programas de asistencia social en la IAFCJ nos ayudarán a seguir creciendo, además de contribuir a satisfacer las necesidades humanas y a cumplir mejor en este tiempo la misma misión de Jesús expresada en Lucas 4.18, 19.

Para concluir esta presentación, es necesario reafirmar que este movimiento juvenil iniciado en la IAFCJ en 1945, primero como “Esfuerzo Cristiano” y luego con el nombre de “Embajadores Apostólicos” y disuelto en el 2011, logró con la dirección del Espíritu Santo estructurar e implementar un proceso fructífero y de singularidad propia para la formación integral de sus militantes. Las razones de ello procuramos respaldarlas aquí con los testimonios antes expuestos y ahora nos permitimos opinar que en este momento histórico de reorientación estratégica que la denominación ha emprendido últimamente, es necesario se reconsidere el modo de ser, hacer y de vivir de la juventud en general de nuestras congregaciones si queremos responder con más efectividad y pertinencia a la situación global que nos ha tocado vivir en este nuevo siglo.

La juventud, en base a su potencial natural y de acuerdo a la doctrina de la diversidad de dones espirituales que esta Iglesia unipentecostal cree y practica, no tan sólo tiene que mantenerse organizada para ejercer preeminentemente un solo ministerio como es el de las redes para la evangelización y que es al que se le ha dado más énfasis actualmente; sino que se requiere descubrir, precisar y definir de la mejor manera otras funciones cuya implementación y especialización sea de acuerdo al contexto socio-cultural en que se estén desempeñando y desenvolviendo nuestros jóvenes y demás sectores de la membresía. Todo ello siendo verdaderamente fieles a la guianza y empoderamiento del Espíritu Santo, siguiendo el modelo de una Iglesia que cumple su misión más integralmente en el mundo. Esto sin apartarse del camino andado hasta ahora en cuanto a la fe y determinación desplegadas y caracterizadas por los que los antecedieron; cuyos procesos y ritmos que siguieron registraron verdaderas y profundas experiencias y resultados satisfactorios en este movimiento juvenil y en lo general. En consecuencia, en base al nuevo modelo estructural y funcional del departamento juvenil, también será necesario asignarle un nuevo nombre más acorde a ello, reglamentando y fundamentando más bíblica y ampliamente sus finalidades asignadas que lo incentive a mantenerse bien firme realizando la misión que el Señor Jesús le ha ordenado a la Iglesia en este tiempo.

Fuentes

Gaxiola López, Maclovio Gaxiola Gaxiola, Manuel J. Marrón, Isaac Torres Alvarado, Domingo Domingo Torres A.